viernes, 27 de enero de 2017

EL CUERVO Y OTROS POEMAS DE E.A.POE


 
 
 
EL CUERVO

 I
En una noche pavorosa, inquieto
releía un vetusto mamotreto
cuando creí escuchar
un extraño ruido, de repente
como si alguien tocase suavemente
a mi puerta: «Visita impertinente
es, dije y nada más » .

II
¡Ah! me acuerdo muy bien; era en invierno
e impaciente medía el tiempo eterno
cansado de buscar
en los libros la calma bienhechora
al dolor de mi muerta Leonora
que habita con los ángeles ahora
¡para siempre jamás!

III
Sentí el sedeño y crujidor y elástico
rozar de las cortinas, un fantástico
terror, como jamás
sentido había y quise aquel ruido
explicando, mi espíritu oprimido
calmar por fin: «Un viajero perdido
es, dije y nada más ».

IV
Ya sintiendo más calma: «Caballero
exclamé, o dama, suplicaros quiero
os sirváis excusar
mas mi atención no estaba bien despierta
y fue vuestra llamada tan incierta...»
Abrí entonces de par en par la puerta:
tinieblas nada más.

V
Miro al espacio, exploro la tiniebla
y siento entonces que mi mente puebla
turba de ideas cual
ningún otro mortal las tuvo antes
y escucho con oídos anhelantes
«Leonora » unas voces susurrantes
murmurar nada más.

VI
Vuelvo a mi estancia con pavor secreto
y a escuchar torno pálido e inquieto
más fuerte golpear;
«algo, me digo, toca en mi ventana,
comprender quiero la señal arcana
y calmar esta angustia sobrehumana »:
¡el viento y nada más!

VII
Y la ventana abrí: revolcando
vi entonces un cuervo venerando
como ave de otra edad;
sin mayor ceremonia entró en mis salas
con gesto señorial y negras alas
y sobre un busto, en el dintel, de Palas
posóse y nada más.


VIII
Miro al pájaro negro, sonriente
ante su grave y serio continente
y le comienzo a hablar,
no sin un dejo de intención irónica:
«Oh cuervo, oh venerable ave anacrónica,
¿cuál es tu nombre en la región plutónica? »
Dijo el cuervo: «Jamás ».

IX
En este caso al par grotesco y raro
maravilléme al escuchar tan claro
tal nombre pronunciar
y debo confesar que sentí susto
pues ante nadie, creo, tuvo el gusto
de un cuervo ver, posado sobre un busto
con tal nombre: «Jamás ».

X
Cual si hubiese vertido en ese acento
el alma, calló el ave y ni un momento
las plumas movió ya,
«otros de mí han huido y se me alcanza
que él partirá mañana sin tardanza
como me ha abandonado la esperanza »;
dijo el cuervo: «¡Jamás! »

XI
Una respuesta al escuchar tan neta
me dije, no sin inquietud secreta,
«Es esto nada más.
Cuanto aprendió de un amo infortunado,
a quien tenaz ha perseguido el hado
y por solo estribillo ha conservado
¡ese jamás, jamás! » 

XII
Rodé mi asiento hasta quedar enfrente
de la puerta, del busto y del vidente
cuervo y entonces ya
reclinado en la blanda sedería
en ensueños fantásticos me hundía,
pensando siempre que decir querría
aquel jamás, jamás.

XIII
Largo tiempo quedéme así en reposo
aquel extraño pájaro ominoso
mirando sin cesar,
ocupaba el diván de terciopelo
do juntos nos sentamos y en mi duelo
pensaba que Ella, nunca en este suelo
lo ocuparía más.

XIV
Entonces parecióme el aire denso
con el aroma de quemado incienso
de un invisible altar;
y escucho voces repetir fervientes:
«Olvida a Leonor, bebe el nepenthes
bebe el olvido en sus letales fuentes »;
dijo el cuervo: «¡Jamás! »


XV
«Profeta, dije, augur de otras edades
que arrojaron las negras tempestades
aquí para mi mal,
huésped de esta morada de tristura,
dí, fosco engendro de la noche oscura,
si un bálsamo habrá al fin a mi amargura »:
dijo el cuervo: «¡Jamás! »

XVI
«Profeta, dije, o diablo, infausto cuervo
por Dios, por mí, por mi dolor acerbo,
por tu poder fatal
dime si alguna vez a Leonora
volveré a ver en la eternal aurora
donde feliz con los querubes mora »;
dijo el cuervo:  «¡Jamás! »

XVII
«Sea tal palabra la postrera
retorna a la plutónica rivera,»
grité: «¡No vuelvas más,
no dejes ni una huella, ni una pluma
y mi espíritu envuelto en densa bruma
libra por fin el peso que le abruma! »
dijo el cuervo:  «¡Jamás! »

XVIII
Y el cuervo inmóvil, fúnebre y adusto
sigue siempre de Palas sobre el busto
y bajo mi fanal,
proyecta mancha lúgubre en la alfombra
y su mirada de demonio asombra...
¡Ay! ¿Mi alma enlutada de su sombra
se librará? ¡Jamás!



EL VALLE DE LA INQUIETUD

HUBO aquí un valle antaño, callado y sonriente,
donde nadie habitaba:
partiéronse las gentes a la guerra,
dejando a los luceros, de ojos dulces,
que velaran, de noche, desde azuladas torres,
las flores, y en el centro del valle, cada día,
la roja luz del sol se posaba, indolente.
Mas ya quien lo visite advertiría
la inquietud de ese valle melancólico.
No hay en él nada quieto,
sino el aire, que ampara
aquella soledad de maravilla.
¡Ah! Ningún viento mece aquellos árboles,
que palpitan al modo de los helados mares
en torno de las Hébridas brumosas.
¡Ah! Ningún viento arrastra aquellas nubes,
que crujen levemente por el cielo intranquilo,
turbadas desde el alba hasta la noche,
sobre las violetas que allí yacen,
como ojos humanos de mil suertes,
sobre ondulantes lirios,
que lloran en las tumbas ignoradas.
Ondulan, y de sus fragantes cimas
cae eterno rocío, gota a gota.
Lloran, y por sus tallos delicados,
como aljófar, van lágrimas perennes.

EL VALLE INTRANQUILO

Hubo un tiempo en que el valle sonreía,
silencioso, aunque nadie allí vivía;
su gente había marchado hacia la guerra
confiando el cuidado de esa sierra,
por la noche, a la mirada fiel
de las estrellas desde su azul cuartel
y de día, a los rojos resplandores
del sol que dormitaba entre las flores.
Mas ahora para todo visitante
el valle triste es inquieto e inquietante.
Nada allí se detiene un solo instante...
nada salvo el aire que se cierne
sobre la soledad mágica y perenne.

¡Ah, ningún viento agita los ramajes
que palpitan como el glacial oleaje
en torno a las Hébridas salvajes!
¡Ah, ningún viento empuja el furtivo
manto de nubes que, sin respiro,
surcan durante el día el cielo esquivo
sobre las violetas allí esparcidas
como ojos humanos de mil medidas...!
sobre las ondeantes azucenas
que lloran junto a las tumbas ajenas!
Ondean: y en sus pétalos más tiernos
se juntan gotas de rocío sempiterno.
Lloran: y por sus tallos claudicantes
bajan perennes lágrimas como diamantes.



EDGARD ALLAN POE 1809 – 1849






Poeta, novelista y ensayista  norteamericano nacido en Boston en 1809. Huérfano desde pequeño, fue adoptado por un rico comerciante de quien heredó el apellido Allan. Durante cinco años vivió con sus padres en Inglaterra donde fue internado en un colegio privado. A partir de 1820, de regreso a Estados Unidos, su carácter melancólico y rebelde, sumado a la afición por el alcohol, se convirtieron en un obstáculo para que sus padres adoptivos  pudieran facilitarle el complemento a la educación que deseaban para él. En 1831, ante la ruptura total con sus padres, se trasladó definitivamente a Baltimore donde publicó "Poemas", seguido de su primer triunfo como escritor,  "Manuscrito encontrado en una botella". Entre sus poemas más famosos figuran  "Leonore" en 1831,"El cuervo" en 1845,  "Annabel Lee" en 1849 y "Las campanas" en 1849. Su mayor producción literaria está contenida en numerosos cuentos y novelas de corte policíaco que lo llevaron a la fama. Falleció en Baltimore en octubre de 1849.
 
A...

Las enramadas donde veo
en sueños, las más variadas
aves cantoras, son labios y son
tus musicales palabras susurradas.

Tus ojos, entronizados en el cielo,
caen al fin desesperadamente
¡oh Dios!, en mi funérea mente
como luz de estrellas sobre un velo.

Oh, tu corazón... suspiro al despertar
y duermo para soñar hasta que raya el día
en la verdad que el oro jamás podrá comprar
y en las bagatelas que sí podría.
 
AMIGOS QUE POR SIEMPRE NOS DEJARON...
Amigos que por siempre
nos dejaron,

caros amigos para siempre idos,
fuera del Tiempo
y  fuera del Espacio!

Para el alma nutrida de pesares,
para el transido corazón, acaso".
 



 
BALADA NUPCIAL
En mi dedo el anillo,
la guirnalda nupcial mi sien decora;
de sedas y diamantes busco el brillo,
y soy feliz ahora.
Y mi señor me brinda amor seguro;
pero al decirme ayer cuánto me adora,
tembló mi corazón, como al conjuro,
de "quien cayó en la guerra", al pie del muro,
y que es feliz ahora.
Pero él tranquilizóme, y en mi frente
besó la palidez que le enamora.
Y he aquí que en un ensueño, vi presente,
al muerto D'Elormy: -suyo, en mi frente,
fue el beso; y suspiré (¡cuán dulcemente! ):
"-¡Ah, soy feliz ahora!"
Y si pude otorgar palabra nueva,
así el voto juré, y aunque traidora,
y aunque un luto de amor el alma lleva,
ved brillar ese anillo que "me prueba"
que soy feliz ahora.
¡Ah! ilumíneme Dios aquel pasado,
pues si sueña o no sueña el alma ignora,
y el corazón se oprime, y conturbado
pregúntase, oh Señor, si el "Olvidado"
será feliz ahora!
 
ANNABEL LEE
Hace de esto ya muchos, muchos años,
cuando en un reino junto al mar viví,
vivía allí una virgen que os evoco
               por el nombre de Annabel Lee;
y era su único sueño verse siempre
por mí adorada y adorarme a mí.
Niños éramos ambos, en el reino
junto al mar; nos quisimos allí
con amor que era amor de los amores,
                 yo con mi Annabel Lee;
con amor que los ángeles del cielo
envidiaban a ella cuanto a mí.
Y por eso, hace mucho, en aquel reino,
en el reino ante el mar, ¡triste de mí!,
desde una nube sopló un viento, helando
para siempre a mi hermosa Annabel Lee
Y parientes ilustres la llevaron
                    lejos, lejos de mí;
en el reino ante el mar se la llevaron
hasta una tumba a sepultarla allí.
¡Oh sí! -no tan felices los arcángeles-,
llegaron a envidiarnos, a ella, a mí.
Y no más que por eso -todos, todos
en el reino, ante el mar, sábenlo así-,
sopló viento nocturno, de una nube,
robándome por siempre a Annabel Lee.
Mas, vence nuestro amor; vence al de muchos,
más grandes que ella fue, que nunca fui;
y ni próceres ángeles del cielo
ni demonios que el mar prospere en sí,
separarán jamás mi alma del alma
                        de la radiante Annabel Lee.
Pues la luna ascendente, dulcemente,
tráeme sueños de Annabel Lee;
como estrellas tranquilas las pupilas
me sonríen de Annabel Lee;
y reposo, en la noche embellecida,
con mi siempre querida, con mi vida;
con mi esposa radiante Annabel Lee
en la tumba, ante el mar, Annabel Lee.
 

UN SUEÑO
¡Recibe en la frente este beso!
Y, por librarme de un peso
antes de partir, confieso
que acertaste si creías
que han sido un sueño mis días;
¿Pero es acaso menos grave
que la esperanza se acabe
de noche o a pleno sol,
con o sin una visión?
Hasta nuestro último empeño
es sólo un sueño dentro de un sueño.
Frente a la mar rugiente
que castiga esta rompiente
tengo en la palma apretada
granos de arena dorada.
¡Son pocos! Y en un momento
se me escurren y yo siento
surgir en mí este lamento:
¡Oh Dios! ¿Por qué no puedo
retenerlos en mis dedos?
¡Oh Dios! ¡Si yo pudiera
salvar uno de la marea!
¿Hasta nuestro último empeño
es sólo un sueño dentro de un sueño?
 
SONETO A LA CIENCIA

¡Ciencia! ¡verdadera hija del tiempo tú eres!
que alteras todas las cosas con tus escrutadores ojos.
¿Por qué devoras así el corazón del poeta,
buitre, cuyas alas son obtusas realidades?

¿Cómo debería él amarte? o ¿cómo puede juzgarte sabia
aquel a quien no dejas en su vagar
buscar un tesoro en los enjoyados cielos,
aunque se elevara con intrépida ala?

¿No has arrebatado a Diana de su carro?
¿Ni expulsado a las Hamadríades del bosque
para buscar abrigo en alguna feliz estrella?

¿No has arrancado a las Náyades de la inundación,
al Elfo de la verde hierba, y a mí
del sueño de verano bajo el tamarindo?



 
PAÍS DE HADAS

VALLES de sombra y aguas apagadas
y bosques como nubes,
que ocultan su contorno
en un fluir de lágrimas.
Allí crecen y menguan unas enormes lunas,
una vez y otra vez, a cada instante,
en canto que la noche se desliza,
y avanzan siempre, inquietas,
y apagan el temblor de los luceros
con el aliento de su rostro blanco.
Cuando el reloj lunar señala medianoche,
una luna más fina y transparente
desciende, poco a poco,
con el centro en la cumbre
de una sierra elevada,
y de su vasto disco
se deslizan los velos dulcemente
sobre aldeas y estancias,
por doquier; sobre extrañas
florestas, sobre el mar
y sobre los espíritus que vuelan
y las cosas dormidas:
y todo lo sepultan
en un gran laberinto luminoso.
¡Ah, entonces! ¡Qué profunda
es la pasión que ponen en su sueño!
Despiertan con el día,
y sus lienzos de luna
se ciernen ya en el cielo,
con inquietas borrascas,
y a todo se parecen: más que nada
semejan un albatros amarillo.
Y aquella luna no les sirve nunca
para lo mismo: en tienda
se trocará otra vez, extravagante.
Pero ya sus pedazos pequeñitos
se tornan leve lluvia,
y aquellas mariposas de la Tierra
que vuelan, afanosas del celaje,
y bajan nuevamente,
sin contentarse nunca,
nos traen una muestra,
prendida de sus alas temblorosas.
 
¿DESEAS QUE TE AMEN?
¿Deseas que te amen? No pierdas, pues,
el rumbo de tu corazón.
Sólo aquello que eres has de ser
y aquello que no eres, no.
Así, en el mundo, tu modo sutil,
tu gracia, tu bellísimo ser,
serán objeto de elogio sin fin
y el amor... un sencillo deber.
 
LUCERO VESPERTINO

Ocurrió una medianoche
a mediados de verano;
lucían pálidas estrellas
tras el potente halo
de una luna clara y fría
que iluminaba las olas
rodeada de planetas,
esclavos de su señora.
Detuve mi mirada
en su sonrisa helada
-demasiado helada para mí-;
una nube le puso un velo
de lanudo terciopelo
y entonces me fijé en ti.
Lucero orgulloso,
remoto, glorioso,
yo siempre tu brillo preferí;
pues mi alma jalea
la orgullosa tarea
que cumples de la noche a la mañana,
y admiro más, desde luego,
tu lejanísimo fuego
que esa otra luz, más fría, más cercana.
 


A ELENA

Te vi a punto.
Era una noche de julio,
noche tibia y perfumada,
noche diáfana...

De la luna plena límpida,
límpida como tu alma,
descendían
sobre el parque adormecido
gráciles velos de plata.

Ni una ráfaga
el infinito silencio
y la quietud perturbaban
en el parque...

Evaporaban las rosas
los perfumes de sus almas
para que los recogieras
en aquella noche mágica;
para que tú los gozases
su último aliento exhalaban
como en una muerte dulce,
como en una muerte lánguida,
y era una selva encantada,
y era una noche divina
llena de místicos sueños
y claridades fantásticas.

Toda de blanco vestida,
toda blanca,
sobre un ramo de violetas
reclinada
te veía
y a las rosas moribundas
y a ti, una luz tenue y diáfana
muy suavemente
alumbraba,
luz de perla diluida
en un éter de suspiros
y de evaporadas lágrimas.

¿Qué hado extraño
(¿fue ventura? ¿fue desgracia?)
me condujo aquella noche
hasta el parque de las rosas
que exhalaban
los suspiros perfumados
de sus almas?
 
Ni una hoja
susurraba;

no se oía
una pisada;
todo mudo,
todo en sueños,
menos tú y yo
-¡cuál me agito al unir las dos palabras! --
menos tú y yo...De repente
todo cambia.
¡Oh, el parque de los misterios!
¡Oh, la región encantada!


Todo, todo,
todo cambia.
De la luna la luz límpida
la luz de perla se apaga.
El perfume de las rosas
muere en las dormidas auras.
Los senderos se oscurecen.
Expiran las violas castas.
Menos tú y yo, todo huye,
todo muere,
todo pasa...
Todo se apaga y extingue
menos tus hondas miradas.

¡Tus dos ojos donde arde tu alma!
Y sólo veo entre sombras
aquellos ojos brillantes,
¡oh mi amada! Todo, todo,
todo cambia.

De la luna la luz límpida
la luz de perla se apaga.
El perfume de las rosas
muere en las dormidas auras.
Los senderos se oscurecen.
Expiran las violas castas.
Menos tú y yo, todo huye,
todo muere,
todo pasa...

Todo se apaga y extingue
menos tus hondas miradas.
¡Tus dos ojos donde arde tu alma!
Y sólo veo entre sombras
aquellos ojos brillantes,
¡oh mi amada!
 
¿Qué tristezas irreales,
qué tristezas extrahumanas!
La luz tibia de esos ojos
leyendas de amor relata.
¡Qué misteriosos dolores,
qué sublimes esperanzas,
qué mudas renunciaciones
expresan aquellos ojos
que en la sombra
fijan en mí su mirada!


Noche oscura. Ya Diana
entre turbios nubarrones,
lentamente,
hundió la faz plateada,
y tú sola
en medio de la avenida,
te deslizas
irreal, mística y blanca,
te deslizas y te alejas incorpórea
cual fantasma...
Sólo flotan tus miradas.
¡Sólo tus ojos perennes,
tus ojos de honda mirada
fijos quedan en mi alma!

A través de los espacios y los tiempos,
marcan,
marcan mi sendero
y no me dejan
cual me dejó la esperanza...
Van siguiéndome, siguiéndome
como dos estrellas cándidas;
cual fijas estrellas dobles
en los cielos apareadas

en la noche solitaria.

Ellos solos purifican
mi alma toda con sus rayos
y mi corazón abrasan,
y me prosterno ante ellos
con adoración extática,
y en el día
no se ocultan
cual se ocultó mi esperanza.
 
De todas partes me siguen
mirándome fijamente
con sus místicas miradas....
Misteriosas, divinales
me persiguen sus miradas
como dos estrellas fijas...
como dos estrellas tristes,
¡como dos estrellas blancas!



LAS DOS CORRIENTES DE LA POESÍA NORTEAMERICANA.

 
 
Comenzamos este año una serie de estudios sobre la poesía norteamericana. Haciendo una metáfora, el río de esta poética comprende dos grandes corrientes contrarias: la de Whitman y la de Poe. Tanto el uno como el otro ascienden alternativamente a la superficie, en tanto que el rival continúa flotando en aguas más profundas. Y a veces, para confundir a quienes quieren imponer siempre un orden a las cosas, ambas corrientes se juntan en una sola y sobrevienen entonces tempestades o inundaciones.  

La corriente Whitman, amplia, majestuosa, es más visible a primera vista. Aun aquellos que han luchado contra esa corriente, reconocen su fuerza y su grandeza. Ezra Pound, que no era muy partidario de Whitman, escribió: “I make a pact with you, Walt Whitman...”, “Hago un pacto contigo, Walt Whitman...”.  

La técnica del verso libre en “Leaves of grass”, “Hojas de hierba”, ha sido ampliamente utilizada por la revolución poética de Sandburg, Lindsay y Masters. Pero más importante todavía que las innovaciones formales de Whitman fue su visión poética de América. Era un tema nuevo que había sido constantemente explotado por poetas tan diversos como Lindsay, Cummings, William Carlos Williams, Stephen Vincent Benet, y aún Hart Crane, cuando quisieron cantar las promesas del Nuevo Mundo. La voz fresca, generosa y optimista de Whitman siempre se escucha en una parte importante de la poesía norteamericana, la que canta “un mundo vasto, inexplorado”. 

La corriente Poe parece menos amplia, menos poderosa y específicamente americana. Es una corriente exótica, pura, fría y clara, si se la compara con la corriente de Whitman, la cual, rugiente e impetuosa, arrastra toda clase de aluviones. Poe entró en nuestro río por vías secretas y subterráneas. Francia se dio cuenta de su importancia como fundador de una poesía contemporánea, y a través de Baudelaire y de Mallarmé la poesía norteamericana moderna vino a descubrir al autor de “El cuervo”.

viernes, 7 de octubre de 2016

REALISMO MÁGICO


 
El término Realismo Mágico no es originario de la literatura, y fue acuñado hacia 1925 por el crítico alemán Franz Roh, quien lo utilizó para describir a un grupo de pintores post-expresionistas, pero después fue tomado por los críticos literarios para definir una nueva tendencia narrativa hispanoamericana entre 1950 y 1970. 

El realismo mágico se puede definir como la preocupación estilística y el interés en mostrar lo común y cotidiano como algo irreal o extraño: el tiempo existe en una especie de fluidez intemporal, y lo irreal acaece como parte de la realidad. El escritor se enfrenta a la realidad y trata de desentrañarla, de descubrir lo que hay de misterioso en las cosas cotidianas, la vida y las acciones humanas. 

El realismo mágico no es una expresión literaria mágica, su finalidad no es la de suscitar emociones, sino más bien expresarlas. La estrategia del escritor pasa por sugerir un clima sobrenatural sin apartarse de la naturaleza, deformando para ello la percepción de las cosas, los personajes y los acontecimientos reconocibles del argumento. Para esta finalidad, el escritor se abstiene de emitir juicios lógicos, no destaca las ambigüedades ni se detiene en análisis psicológicos de sus personajes, que, además, jamás se desconciertan frente a los eventos sobrenaturales que viven. En contraposición a las definiciones clásicas de lo que es la literatura fantástica, el realismo mágico expresa una alteración milagrosa de la realidad, en la que se evita inducir cualquier efecto de sobrecogimiento o terror frente a los hechos sobrenaturales que se describen. Esta expresión de emociones no se hará en forma poética, sino en prosa (novelas y cuentos) porque, al fin, lo que se pretende es narrar una historia. 

El realismo mágico tiene sus raíces en la propia cultura latinoamericana, a partir de las interpretaciones de los europeos en la etapa de la colonización del nuevo continente. Las crónicas españolas de esa época (siglos XVI-XVII) son ricas en el relato y descripción de cosas absolutamente maravillosas, producto de la extrañeza que provocaba en los exploradores todo lo que veían en sus viajes, desde animales fantásticos hasta ciudades ocultas, pasando por fuentes de la eterna juventud y árboles cuyos frutos eran capaces de proporcionar lo que los hombres necesitaban para su subsistencia. 

Durante los años 20 y 30 del siglo XX, muchos escritores y artistas latinoamericanos viajaron a Europa para incorporarse al surrealismo, buscando los aspectos sobrenaturales necesarios para crear una realidad basada en los sueños y el subconsciente. Cuando esos artistas latinoamericanos volvieron a América, cayeron en la cuenta de que la realidad con la que se reencontraban en sus países tenía un nuevo sentido para ellos, porque los indios y los negros americanos vivían en una realidad afincada en lo mágico sin recurrir a los sueños que tanto preocupaban a los europeos. Esa mezcla de fantasía y realidad surge también de una línea directa nacida de nuevo en Europa de la mano de narradores como Franz Kafka (El castillo, La metamorfosis, El proceso), que pretendía reflejar lo absurdo de la sociedad humana a través de lo fantástico hecho cotidianidad, precisamente como forma de mostrar el absurdo existencial. Uno de los primeros escritores americanos que se ocupó de estos temas fue el cubano Alejo Carpentier. Tanto él como su compatriota Lydia Cabrera ayudaron a iniciar el reconocimiento mundial de los escritores latinoamericanos. 





Al querer distanciarse Carpentier del surrealismo, identificó el aspecto único de Latinoamérica como "lo real maravilloso", aunque paradójicamente esa atracción por lo maravilloso surgiera a partir del contacto con el surrealismo. Carpentier considera que las técnicas surrealistas no son válidas para describir lo americano por el absoluto sentido artificial de lo maravilloso; orienta entonces su atención hacia la realidad latinoamericana fundamentando su análisis de lo maravilloso en el caudal de mitologías y creencias que él considera vigentes, y su alejamiento de la escuela europea es aún más profundo por el descubrimiento que experimenta cuando regresa a Cuba, en 1939, y cuando visita Haití, en 1943. En el prólogo a El reino de este mundo desarrolla la famosa teoría de "lo real maravilloso" contrapuesta a los conceptos surrealistas. El concepto de lo maravilloso implica un sentido de sorpresa frente a fenómenos inusuales, inesperados o improbables. 

Carpentier sintetiza el realismo mágico en tres puntos:
1º Es una literatura maravillosa de origen europeo con referencias a eventos sobrenaturales;

2º La realidad maravillosa es más maravillosa que esa literatura y, por lo tanto, cabe hablar de lo "maravilloso americano";

3º Lo "real maravilloso" de América podrá trasladarse a la literatura solamente a condición de que los escritores tengan fe en que esa América es maravillosamente real. 

En el realismo mágico encontramos precisamente lo real presentado como maravilloso, o bien lo maravilloso presentado como real. Los sucesos más irreales no se presentan, como sucedería en el cuento fantástico tradicional, como algo que asombra tanto a personajes como a lectores, sino como parte de la realidad cotidiana. Asimismo también lo real, lo cotidiano, el paseo por la calle, la reunión de amigos o simplemente ponerse una camisa, pueden tornarse en algo fantástico y maravilloso en la narrativa hispanoamericana. Ambas vertientes de la unión de realidad y fantasía se mezclan en las novelas que en torno a los años cuarenta del siglo XX comienzan a escribirse en América, de la mano de escritores como Miguel Ángel Asturias (Leyendas de Guatemala, Hombres de maíz), Alejo Carpentier (Ecué-Yamba-O!, El reino de este mundo, Los pasos perdidos, El siglo de las luces) , Jorge Luis Borges (Ficciones, El Aleph) o Juan Rulfo (Pedro Páramo, El llano en llamas). También estas novelas tienen una preocupación estilística importante y la técnica narrativa se renueva con el uso de formas nuevas de narrar, de innovaciones que ya se venían empleando también en Europa desde el Ulises de James Joyce. 

Sin embargo, esta renovación narrativa emprendida en los años 40 no tendrá su consolidación hasta los años 60 cuando una nueva generación de escritores dé lugar al llamado boom hispanoamericano, impulsado como negocio editorial y cultural por Seix Barral. Se trata de autores como Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, La tía Julia y el escribidor, La casa verde), Julio Cortázar (Rayuela, Historias de cronopios y famas), Mario Benedetti (La tregua), José Donoso (El astillero), Carlos Fuentes (La muerte de Artemio Cruz) o Gabriel García Márquez, que con el éxito editorial alcanzado en Europa hacen volver la vista a los narradores de décadas anteriores que ya habían iniciado esa renovación que los nuevos autores consagran. La narrativa hispanoamericana comienza a construir una nueva mitología, reflejo de la cual es la creación de personajes míticos cuya historia encontramos a lo largo de diferentes obras, como sucede con el coronel Buendía, y la aparición de territorios también míticos como la propia Macondo (Cien años de soledad) de García Márquez y más aún la Comala (Pedro Páramo), auténtico Hades mexicano, de Juan Rulfo, a la que Juan Aparicio, como un nuevo Orfeo, va en busca, no de su amada, sino de su pasado, el propio pero también el de México, encarnado en la figura de su padre. 




El boom de la narrativa hispanoamericana y el realismo mágico no pueden identificarse plenamente. El realismo mágico nace en los años 40 entre unos autores que no participaron plenamente del boom de los años 60 o que, aunque se beneficiaron de él, no fueron sus cabezas visibles y por tanto no suelen identificarse por el lector normal con aquel fenómeno (claramente Rulfo o Miguel Ángel Asturias) Igualmente, autores del boom no participan plenamente de las características propias del realismo mágico (como Vargas Llosa o Cortázar, quienes, a pesar de utilizar recursos narrativos novedosos y participar de elementos comunes del realismo mágico, no confunden la ficción y la realidad de la misma manera que los narradores más plenamente imbuidos del realismo mágico). El término realismo mágico hace referencia a una estética y a una concepción peculiar de la relación entre literatura y realidad, mientras que el término boom se refiere a un éxito editorial y a un acontecimiento literario de redescubrimiento de una generación de narradores que renovaron la narrativa hispanoamericana, influidos sin duda por las innovaciones europeas y a su vez ampliamente conocidos e imitados en Europa, y especialmente en el mundo de habla hispana. El movimiento ha dado varios premios Nobel: Miguel Ángel Asturias (1967), Gabriel García Márquez (1982) y Mario Vargas Llosa (2010).
 

sábado, 2 de enero de 2016

"DRÁCULA" DE BRAM STOKER.

 
 
Publicada en 1897, esta novela del escritor irlandés Bram Stoker es para muchos la obra maestra de la literatura de terror. Esta obra fue la que dio forma literaria final a la "leyenda del vampiro", mito arraigado en viejas creencias populares de centro Europa. De un modo u otro, su figura también fue objeto de tratamiento de otros escritores, desde Alejandro Dumas, Guy de Maupassant o Sheridan Le Fanu hasta Nikolái Gógol o Edgar Allan Poe.

Este apasionante libro no solo resume el mito original del vampiro en el del conde Drácula, sino que además lo hace con una fuerza poética obsesionante. Vlad Drakul fue un héroe de la independencia rumana que debió enfrentar a los turcos y terminó  convirtiéndose en un personaje del siglo XV. En su figura se inspiró la obra de Stoker. Aél alude el conde Drácula de un modo ligero y bastante genérico durante una conversación nocturna que mantiene en su castillo con quien acabará  convirtiéndose en el héroe de la novela, Jonathan Harker.
 
Sin embargo en esta novela la apariencia física de su protagonista ha dejado ser la de un caudillo guerrero renacentista, para convertirse en la de un aristócrata rumano, empobrecido y algo anacrónico, aunque claramente referente del siglo XIX. No son pocos los que creen que Stoker basó su personaje en la figura histórica de Vlad Tepes, conocido como Vlad el Empalador, o Drácula, así como en fábulas de vampiros de Europa oriental. Tepes vivió en el siglo XV y fue príncipe de Valaquia (la cual, sumada a Moldavia y Transilvania completara el reino de Rumania).
 
Stoker se mantenía escribiendo una cantidad importante de novelas, siendo más célebre la del vampiro Drácula. Para escribirla invirtió ocho años de su vida ahondando su interés en temas relativos al folklore europeo y a historias de vampiros. Drácula es una novela epistolar, escrita a manera de una suma de anotaciones diarias, telegramas, y cartas de los personajes, así como artículos de los periódicos de Whitby y Londres, para describir los sucesos donde los personajes de la historia no son testigos directos.
 
La novela se inicia con el viaje de Jonathan Harker, un secretario del juzgado inglés recientemente nombrado, en tren y carruaje desde Inglaterra al lejano castillo del Conde Drácula, situado en las montañas cercanas a Transilvania y Moldavia. El propósito de la visita es ofrecer asistencia legal a Drácula para llevar adelante un arreglo fiscalizado por el jefe de Harker, Peter Hawkins, en Exeter, Inglaterra. El cautiverio de John Harper finalizó pronto; el hombre consiguió escapar del castillo eludiendo los muros y a los cíngaros siervos del Conde, por lo que emprendió un accidentado camino para regresar a Londres. El Conde desconociendo a que su prisionero había logrado fugarse continuó en Londres, asesinando a más personas, en tanto aprovechó para encontrarse con la prometida del que había sido su prisionero. El malvado Conde se enamoró rápidamente de Mina, la cual guardó un raro sentimiento hacía el noble, mezcla de odio y amor. Ambos personajes tenían la extraña sensación de conocerse.
 
Este clásico conjuga aventura, terror, misterio y por momentos desborda erotismo y sensualidad, lo que resulta sorprenderte en su época. Hoy sigue ofreciendo al lector sorpresa y fascinación dentro de la mejor literatura.
 
 

ERNST WIECHERT, MAESTRO, POETA Y ESCRITOR ALEMÁN.

 

 
 
(Kleinort, Prusia Oriental, 1887-Uerikon, Zurich, 1950) Escritor alemán. Hijo de un guarda forestal, hizo sus estudios en Königsberg y se dedicó a la enseñanza. Debido a su hostilidad al régimen nazi, fue arrestado (1938) e internado en Buchenwald. Sus novelas, caracterizadas por su rechazo del mundo moderno y su apego a los valores del pasado, le valieron un gran éxito en los años de la posguerra. Destacan El lobo de los muertos (1924), La vida sencilla (1939), Los hijos de Jeromín (1945-1947) y su obra póstuma Missa sine nomine (1953). Escribió también relatos (El coche de plata, 1928) y escritos autobiográficos, como El bosque de los muertos (1945), en el que recoge su experiencia en el campo de concentración de Buchenwald.
 

"LA CRIADA DE JÜRGEN DOSKOSIL"
 
Género y corriente: Novela neorromántica.
Estructura: Se encuentra dividida en cinco capítulos.

Sinopsis: La acción tiene como escenario el paisaje boscoso de los lagos Wasurianos, en los confines de la Prusia Oriental. Uno de los protagonistas es el campesino y barquero Doskocil, ocupado noche y día en trasladar pasajeros de una a otra orilla del río. Vive solitario y su casa, entre bosques y lagunas, está a la mitad del camino entre dos pueblos rivales.

 A una de estas localidades atrasadas y miserables ha venido a predicar un falso profeta mormón, con tanto éxito que logra transformarla en asiento de la secta. Entre los recién convertidos a esa religión figura una hermosa muchacha, Marta, quien primero es criada y luego esposa de Doskocil. El seudo apóstol, aprovechándose de algunas costumbres eróticas características de dicha secta, exige que todas las mujeres jóvenes del pueblo, antes de pertenecer a sus esposos o amantes, se entreguen a él. La mujer de Doskocil se niega a hacerlo y entonces el procaz impostor la amenaza con que los hijos engendrados en ella serán víctimas de una maldición mientras no satisfaga los deseos del abusivo profeta.

 Por fatal casualidad, en el primer parto de Marta nace una criatura deforme. Una mezcla de horror y odio invade el alma de la joven; en el fondo, quiere liberarse de la maldición de aquel ser satánico para dar un hijo normal a Doskocil. La novela termina cuando, sin ninguna posibilidad racional de acabar con esa creencia supersticiosa, Marta asesina al falso profeta.

Esta novela es considerada la obra maestra de Ernst Wiechert. Su singularidad y belleza literarias radican en la recreación que hace el autor de un mundo profundamente romántico: bucólico, casi maravilloso, a través de un estilo literario sencillo y diáfano, lo cual imprime cierta melancolía no exenta de lirismo y delicadas sugerencias. El paisaje y el "retorno a la naturaleza" es de capital importancia en la obra de este escritor.
 
 





 
 

miércoles, 28 de octubre de 2015

POESÍA CUBANA (II PARTE)

 
Paisaje cubano. Oleo del pintor cubano Hanoi Martínez León.
 
 
 
EL CAMINO DE DAMASCO

Lejos brilla el Jordán de azules ondas
que esmalta el Sol de lentejuelas de oro,
atravesando las tupidas frondas,
pabellón verde del bronceado toro.

Del majestuoso Líbano en la cumbre
erige su ramaje el cedro altivo,
y del día estival bajo la lumbre
desmaya en los senderos el olivo.

Piafar se escuchan árabes caballos
que, a través de la cálida arboleda,
van levantando con su férreos callos,
en la ancha ruta, opaca polvareda.

Desde el confín de las lejanas costas,
sombreadas por los ásperos nopales,
enjambres purpurinos de langostas
vuelan a los ardientes arenales.

Ábrense en las llanuras las cavernas
pobladas de escorpiones encarnados,
y al borde de las límpidas cisternas
embalsaman el aire los granados.

En fogoso corcel de crines blancas,
lomo robusto, refulgente casco,
belfo espumante y sudorosas ancas,
marcha por el camino de Damasco.

Saulo, eleva su bruñida lanza
que, a los destellos de la luz febea,
mientras el bruto relinchando avanza,
entre nubes de polvo centellea.

Tras las hojas de oscuros olivares
mira de la ciudad los minaretes,
y encima de los negros almenares
ondear los azulados gallardetes.

Súbito, desde lóbrego celaje
que desgarró la luz de hórrido rayo,
oye la voz de célico mensaje,
cae transido de mortal desmayo,

bajo el corcel ensangrentado rueda,
su lanza estalla con vibrar sonoro
y, a los reflejos de la luz, remeda
sierpe de fuego con escamas de oro.
Manuel Navarro Luna
CANCIÓN CAMPESINA PARA CANTARLA EN LA CIUDAD (fragmento)

Las azadas muerden la carne de la tierra,
y, poco a poco,
la despedazan.
¡En todos los caminos,
en los caminos blancos y en los caminos grises
montones de carne se levantan!
El silencio contrae los músculos curtidos de su rostro;
pero no deja de clavar la azada.
¡Sin hambre,
sin fatiga,
sin cansancio,
el silencio trabaja.

¡Trae todas las palabras que encuentres perdidas;
todos los gritos que encuentres desamparados,
y échalos,
si quieres,
en las bocas hambrientas de los charcos!
¡Es una carne inútil
que se pudre en el campo!
¡Pero no traigas el silencio campesino
porque está trabajando!
 
Eugenio Florit
MARTIRIO DE SAN SEBASTIÁN  (fragmento)

Sí, venid a mis brazos, palomitas de hierro;
palomitas de hierro, a mi vientre desnudo.
Qué dolor de caricias agudas.
Sí, venid a morderme la sangre,
a este pecho, a estas piernas, a la ardiente mejilla.
Venid, que ya os recibe el alma entre los labios.
Sí, para que tengáis nido de carne
y semillas de hueso ateridos;
para que hundáis el pico rojo
en el haz de mis músculos.
Venid a mis ojos, que puedan ver la luz;
a mis manos, que toquen forma imperecedera;
a mis oídos, que se abran a las aéreas músicas;
a mi boca, que guste las mieles infinitas;
a mi nariz, para el perfume de las eternas rosas.
Venid, sí, duros ángeles de fuego,
pequeños querubines de alas tensas.
Sí, venid a soltarme las amarras
para lanzarme al viaje sin orillas.
[…]
Ya voy, Señor. ¡Ay! qué sueño de soles,
qué camino de estrellas en mi sueño.
Ya sé que llega mi última paloma…
¡Ay! Ya está bien, Señor, que te la llevo
hundida en un rincón de las entrañas.
 
 
Regino Pedroso
SALUTACIÓN FRATERNAL AL TALLER MECÁNICO (fragmento)

Tensión violenta del esfuerzo
muscular. Lenguas de acero, las mandarrias
ensayan en los yunques poemas estridentistas
de literatura de vanguardia.
    Metalurgia sinfónica
de instrumentales maquinarias;
ultraístas imágenes de transmisiones y poleas;
exaltación soviética de fraguas.
    ¡Oh, taller, férreo ovario de producción! Jadeas
como un gran tórax que se cansa.
Tema de moda del momento
para geométrico cubismo
e impresionismo de metáforas.
    Pero tienes un alma colectiva
hecha de luchas societarias;
de inquietudes, de hambre, de lasceria,
de pobres carnes destrozadas:
alma forjada al odio de injusticias sociales
y  anhelos sordos de venganza…
Te agitas, sufres,
Eres más que un motivo de palabras
Sé un dolor perenne,
sé tu ansiedad humana,
sé como largos siglos de ergástulas te han hecho
una conciencia acrática.
    Me hablas de Marx, del Kuo Ming Tang, de Lenin;
y en el deslumbramiento de Rusia libertada
vives un sueño ardiente de redención;
palpitas, anhelas, sueñas; lo puedes todo y sigues
tu oscura vida esclava.
[…]
¿Fundirán tus crisoles los nuevos postulados?
¿Eres sólo un vocablo de lo industrial: la  fábrica?
¿O también eres templo
de amor, de fe, de intensos anhelos ideológicos
y comunión de razas…?
    Yo dudo a veces, y otras,
palpito, y tiemblo, y vibro con tu inmensa esperanza;
y oigo en mi carne la honda VERDAD de tus apóstoles:
¡que eres la entraña cósmica que incubas el mañana!
 

Nicolás Guillén

CANTO NEGRO

¡Yambambó, yambambé!
Repica el congo solongo,
repica el negro bien negro;
congo solongo del Songo
baila yambó sobre un pie.
Mamatomba,
serembe cuserembá.
El negro canta y se ajuma
el negro se ajuma y canta,
el negro canta y se va.
Acuememe serembó.
                       aé;
                       yambó,
                       aé.
Tamba, tamba, tamba, tamba,
tamba del negro que tumba:
tumba del negro, caramba,
caramba, que el negro tumba:
¡yamba, yambó, yambambé!
 
Ramón Guirao
BAILADORA DE RUMBA

Bailadora de guaguancó,
piel negra,
tersura de bongó.
    Agita la maraca de su risa
con los dedos de leche
de sus dientes.
Pañuelo rojo
-seda-,
bata blanca
-almidón-,
recorren el trayecto
de una cuerda
en un ritmo afrocubano
de
    guitarra,
    clave
    y cajón.
    «¡Arriba, María Antonia,
alabao sea Dió!»
Las serpientes de sus brazos
van soltando las cuentas
de un collar de jabón.
 
Emilio Ballagas
ELEGIA TERCERA
 
A Manuel Navarro Luna
 
Me veo morir en muertes sucesivas,
en espiral de muerte inacabable
por espejos de muerte presidida.
 
De una muerte a otra muerte presurosa
teje una araña verdinegra y grave
hilos de muerte dulce y conmovida.
Llueve la muerte en diminutas muertes,
en ceniza dispersa y silenciosa.
Llueve la muerte en círculos de otoño,
llueve en maduras hojas desprendidas
Y llueve y llueve herida por el viento
en pequeñas agujas de amargura
y rotas amapolas sin destino.
 
A través de la niebla equivocada
adivino los labios que tenías,
el tacto musical que me acercabas,
los paisajes con humo de tu abrazo…
y en la fugaz herida del relámpago
se enciende para huir sin voz ni huellas
el armonioso nombre que esgrimías.
 
Lento deshielo y agua desolada
va río abajo, corazón adentro,
anhelosa de tumba la corriente
en que flotando como rama seca,
inútil tu memoria de luceros
busca en mi mar suicidio, pide olvido.
 
Agustín Acosta
DÉCIMA
 
¡Gigantesco acorazado
que va extendiendo su imperio
y edifica un cementerio
con las ruinas del pasado…!
Lazo extranjero apretado
con lucro alevoso y cierto;
lazo del verdugo experto
en torno al cuello nativo…
¡Mano que tumba el olivo
y se apodera del huerto…!
 
 
 
José Z. Tallet
PARA DORMIR A UN NEGRITO

Dórmiti mi nengre,
dórmiti ningrito.
Caimito y merengue,
merengue y caimito.
    Dórmiti mi nengre,
mi nengre bonito.
¡Diente de merengue,
bemba de caimito!
    Cuando tú sia glandi
vá a sé bosiador…
Nengre de mi vida,
nengre de mi amor…
    (Mi chiviricoquí,
chiviricocó…
¡Yo gualda pa ti
tajá de melón!)
    Si no calla bemba
y no limpia moco,
le va’ abrí la puetta
a Visente e’ loco.
    Si no calle bemba,
te va’ da e’ sutto.
Te va’ llevá e´ loco
dentre su macuto.
    Ne la mata e’ güira
te ñama sijú.
Confío en la puetta
ttá e’ tatajú…
    Dórmiti mi nengre,
cara ‘e bosiador,
nengre de mi vida,
nengre de mi amor.
    Mi chiviricoco,
chiviricoquito.
Caimito y merengue,
merengue y caimito.
    A’ora yo te acuesta
‘la ‘maca ‘e papito
y te mese suave…
du’ce… depasito…
y mata la pugga
y epanta moquito
pa que droma bien
mi nengre bonito…